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Mostrando las entradas de septiembre, 2019
MIRADAS En el hospital, después de la tremenda golpiza, Ramiro, resucitó de entre los muertos. Intentó moverse, pero el dolor lo taladraba más que el desamor de Julia. Abrió un ojo, el único que le habían dejado. Por esa rendija, percibió una sombra atroz. -Buenas tardes, licenciado Ramírez. Soy el comandante Tomás Cervera, de la Policía Judicial. ¿Lo desperté?- Ramiro, quiso mandarlo a chingar a su madre, no pudo: los alambres alrededor de la mandíbula lo salvaron. - ¡Ah, que mi licenciado. Mire cómo me lo dejaron! Tuvo suerte, gracias a que unos elementos de la corporación se dieron cuenta y lograron que huyeran esos cabrones, si no; lo matan.- resopló- , pero, no se preocupe, los vamos a agarrar y les caerá todo el peso de la ley. – Ramiro, sabía de memoria el discurso infame. Conocía el procedimiento policíaco. El judicial tomó una silla, sacó una cajetilla de cigarros: -¿Fuma?- Mientras encendía el cigarrillo, continuó con su monólogo: - Hay algo que no entiendo de personas como...
Cinco minutos “Sube a nacer conmigo, hermano”                                         Pablo Neruda.                         A Joan Alison Jara Ahí, ante el césped pleno del estadio, con las costillas fracturadas, con las heridas de sus compañeros y el temor; murmuraba un canto. Acaso recordaba sus pasos por las calles de Stratford-upon-Avon que celebraba a Shakespeare. A pesar de la hostilidad en su infancia, su mirada lo llevó al asombro. Sin saber, bien a bien, las canciones y la lucha por sobrevivir de su madre lo vistieron de colores; de esos que nada saben de ausencia. La pobreza le habló sobre la dignidad de todos.   Memoró el pequeño abecedario que se nutre de infinito. Descubrió que el movimiento labra el viento....
Un día "Si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza". Silvio Rodríguez.                                                       Me desperté a las seis de la mañana con una maldición en las entrañas. Luego del trabajo siempre me ataca el insomnio; así que sólo dos horas de sueño precedían a esa claridad. Me sentí desmadejado, triste, cansado. La sábana estaba húmeda a pesar del frío. Decidí levantarme, - como siempre- primero con el pie izquierdo al piso, para retar a las estupideces de la suerte. –¿Por qué desperté tan temprano?- me dije a la mitad del agua que caía sobre mis huesos. Salí del baño y me senté en la cama, el único mueble en donde habito, para terminar de secarme. Traté, traté, pero la toalla no sabía qué hacer ante tanta humedad. Empapada, la llevé al baño. Miré el espejo y vi el origen del peso de la tela: m...
Terrores                           “¿Qué delito he cometido contra                                vosotros naciendo?”                                      Calderón de la Barca La tarde anterior entre el trasteo de sus escasas pertenencias oyó la pregunta que esperaba: ¿Aguantarás, el viaje es muy largo y peligroso?- Desde su estatura de nueve años, Daniel, contestó: -Ya soy grande, papá-. Estaba listo para partir. Se había forjado a golpes de pobreza rascándole a la vida y la alegría su infancia, en medio de la demolición de su pueblo, de su país. Creció, como todos los niños de su comunidad, con los juguetes antiguos que pertenecieron a sus ancestros: el viejo árbol que se dejaba trepar; la enorme piedra extrañamente azul que se...
OSCURIDAD. “Puede matar a un hombre,   pero no puede convertirlo  en otra cosa”.  Albert Antelme. Ese día, el sol golpeaba a plomo, algo le dolía, pero ante la enorme distancia, impotente, lloraba.   A pesar de toda su luz, la sombra del campo de concentración, festinaba el terror. Los carceleros, los verdugos, pensaban en el triunfo, en celebraciones y libaciones de poder.   No, nunca saben: todo era una disminución del ser: una derrota humana. El “campo”, los campos, habían sido diseñados con una bestialidad metódica, casi pulcra, desde el lado más oscuro de la especie: el exterminio del otro. La crueldad de los verdugos, no sólo trataba de apresar, humillar, torturar, destrozar, violar, despedazar y despedazar, violar, destrozar, torturar, humillar y apresar el cuerpo de sus víctimas; de esos inocentes que se preguntaban ¿por qué? No, también era importante para esa bestia colectiva, partir la conciencia, el alma, los sueños, las esperan...
V El quinto canto del   Infierno del sueño de Dante Alighieri es una melodía que me acompaña :   Paolo y Francesca son arrojados a ese lugar hostil por ser amantes imprudentes ¿habrá otra manera? Su castigo es que el uno no puede hablar,   y la otra no sabe de respuestas.   Ahí,   en las Tinieblas, Dante, le pide a Virgilio que los llame;los mira; los mira: empalmados, juntos, sin separarse, en el amor prohibido, en el pecado,en el Infierno; en el Universo. Dante recuerda a Beatriz, a la amada que sólo miró dos veces; a esa mujer de sus pasos; a Ella, a la que la muerte apartó para que él la busque en su infinito poema, en el insomnio de los días. Sueña, mientras Francesca narra su condena: “No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices en la miseria”. Y Dante se desvanece, quiero decir: se desmaya; y tal vez en ese instante, antes de caer; piensa que a la miseria la espanta la memoria. Jorge Rodríguez.
MIR Hoy, recordé a Miguel. Nunca lo vi, pero sé de las llamas de su esperanza. Un compañero   me contó sobre cómo miraba la alegría; sobre sus invenciones de mañana. Él, joven, tenía la extraña visión – miraba-, que la vida es para todos. Era rara su sonrisa transparente. Miguel, miraba flores, aves y memorias; miraba las alarmas de los amaneceres que gritan para que los veas. Miraba y abría su voz para inventar los recuerdos del porvenir; para cantar, acaso sin saber,que las noches se comparten. Leía a Neruda. Aunque tímido, calmaba el frio con el abrazo y la mirada de su gente.   Un septiembre, el noveno círculo del infierno, vomitó balas, aviones, masacres y traiciones. La oscuridad asesinó a su pueblo y a un presidente noble. Él, miró la fotografía de los buitres, títeres de la infamia que, cínicos, hablaban de orden y paz, en medio de la muerte,   y acaso se preguntó: ¿por qué el asesino, sentado entre sus cómplices, usa lentes negros? – Coño, huevón, ni siquie...
Lucha, libre.                                                        “No es que quieras y no puedas”.                                                                        Santiago Feliú. A Arsacio Vanegas El maldito despertador sonó a las seis en punto de la mañana. Su cuerpo se negaba a levantarse, a despertar. Era lunes. Todo el domingo estuvo recostado, lamién...
INSTANTES Hace unas horas, mientras caminaba inventando preguntas, el tiempo se detuvo. Nada se oía, ni la sombra de un pájaro que vuela; el azul palidecía. El sol, angustiado, luchaba por verse. Me pareció que temblaba la tierra, pobre de mí, nada sabía. Las flores, celosas, como quiere un Poeta, se ocultaban. Seguí mis pasos; ¿qué más puedo perder?- me dije- Caminé no sé qué cuánto: ¿minutos, horas, días?, no lo sé. ¿Qué es y será el tiempo? ¿Una ilusión? En mi brazo izquie rdo, el reloj no caminaba: las tres con veinte de la tarde, machacaba sin moverse. De pronto, en medio de una esquina, desde mi profunda ignorancia sobre las leyes de las causas, como quiere Borges; ella,ella, apareció. Busco una palabra distinta, no es posible: apareció. Ahí estaba; la mujer más hermosa que hay en la tierra. Transcurría por el camino con los símbolos de su turgencia, con su cabello suelto, libre; con su mirada de constelación; con su piel de durazno, con su sonrisa de mar, con sus pies alad...
  FLOR. “Si miras todo el mundo negro,   asustes, es el color de otra llamarada”. Esa mañana de 1955, se levantó tarareando a Billie Holiday. Miró a su alrededor sin queja, con la virtud de la pobreza digna, con la alegría de mirar su casa limpia. Preparó el desayuno acompañada por el pequeño radio que la bendecía con un Blues: ese canto infinito del dolor; esa voz en grito contra la esclavitud. Ella cantaba; pero tímida, lo hacía en silencio. Se desnudó para bañar su cuerpo negro: –como la noche y sus estrellas – se dijo entre risas. Se vistió, divertida; siempre se alegraba por las pausas y dudas al escoger la ropa de los días: “Es tan poca, por qué dudo; estoy loca” – mientras la casa se envolvía con los acordes telúricos de Robert Johnson, ese, que vendió su alma al diablo para conocer los secretos de la guitarra. Ella, Rosa, se llamaba y se llama, tomó las llaves de la casa y el escaso dinero para salir a trabajar. Ella, Rosa, caminó hacia la estación del autobús....
Dos más dos. A Celia Spigariol. A Martha Lidia Ferreira, Teresa De Cillis, María Teresa Difalco, Elena Chautemps, Andre Negré. A Todas y todos.     El orden de los factores no altera el resultado. Cuarenta y siete por ciento. Cuarenta y siete por ciento retumbó hasta acá. Con los números siempre tengo una relación respetuosa, pero distante. Comprendía lo elemental hasta que, en la escuela preparatoria, el maestro de matemáticas, el profesor Ávalos, que ojalá se pudra en el infierno, ponía a votación los resultados de los problemas de cálculo diferencial e integral, sin que importara que veinte imbéciles estuviéramos equivocados y tres en lo correcto.   Claro, todos los alumnos reprobábamos el examen final, pero la secuencia matemática de una botella de Bacardí   -“Cooperen entre cinco, muchachos, ustedes son de familia de bajos recursos”- reía, el miserable-   transformaba nuestras calificaciones, para envidia de Cantor, en una lluvia de seise...
DIEZ AÑOS La madrugada le trajo el libro, “La Ilíada”.   Lo apartó. Cincuenta años después, todavía recordaba la pregunta de aquella primera lectura infantil que lo asechaba; esa duda cercana a la angustia de no entender. De niño, su padre, antes de partir, le descubrió dos tesoros: le enseñó a jugar ajedrez y a leer. –No leas sin pensar, pregunta, pregunta- le decía esa imagen borrosa que apenas recordaba. Ese niño nunca entendió por qué nunca lo dejó ganar entre alfiles, caballos, peones, damas y reyes, y mucho menos porque no celebraba, como él y sus pequeños amigos, cuando ganaban en el futbol callejero, sus triunfos: - Es duro,   muy duro, aprender a perder, pero es más difícil aprender a ganar; piensa, piensa, recuerda-.   Luego, esa sombra, se divorció de su madre, y, desapareció. Se sintió perdido, abandonado, solo, y preguntaba. Con los años, de tumbo en tumbo, sin saber, como a todos nos pasa: la vida le tejió amores, amigos, indiferencias, logros, der...
Caleidoscopio. “No sé para qué volviste,      si ya empezaba a olvidar” Desde hace algunos meses, tal vez años, no lo sé, mi memoria es frágil: noté que el sonido   de la lluvia cuando abraza la tierra, olía a la almohada cuando, dolientes, extrañamos tu cabello. Otra vez, a lo lejos, me pareció vislumbrar tu mirada en los colores de las frutas del mercado. De pronto y con frecuencia, tu risa, esa risa forestal, salía de algunas bocas que su rostro te olvidaba. No lo vas a creer, pero tu caminar sereno, retumbaba en los pies de las muchachas en flor; en los pasos de cuando le reímos a un te quiero. De mis sueños nada digo, aunque a veces no me dejas dormir y por eso estoy tan flaco. No menciono las canciones y poemas que saben de tu aliento. En algunas ocasiones una esquina repetía tu nombre, y yo corría, corría, desfogado, pero, al dar la vuelta; mi sombra se burlaba. Y me decía, para espantarme más -“Son fantasmas. Olvida, olvida. Ya, ya, fue hace añ...
BUDVA.         “Búscame, donde sientas que está ardiendo,                         donde se eternizan los recuerdos;          donde no me encuentres.”                                                         Santiago Feliú.                 A Nada Kokotovich,   por la memoria. Hace tantos años, desde las murallas de la vieja ciudad, se me apareció eso que llaman “el sentimiento oceánico”: el asombro ante la inmensidad. Pero esa tarde no eran las estrellas de nuestra Vía Láctea, ni las galaxias que nos miran desde antes de saber que somos nosotros;   ni la luz que viaja, ni ese beso. Miraba uno de los espejos del Universo: la mar adriática. Ahí, con el azul ...
Blues. Salió del trabajo, como siempre,   a las seis en punto de la tarde. Mientras caminaba hacia su casa, recibió el golpe de la llamada telefónica. El temblor la llevó a recargarse en una esquina; la rabia no impidió que las lágrimas la mojaran. Se oyó decir: -Sí, estoy bien, me torcí el pie, no es nada- ante la pregunta de un anciano amable. Recordó el presentimiento que le provocó Koko Taylor, cuando, en la mañana durante el baño, la oyó cantar desde el aparato de música: I´d rather go blind.   No, yo no preferiría estar ciega- se había dicho con una sonrisa, mientras la toalla aliviaba la humedad de su cabello. Sin embargo,el desayuno le había descubierto sabores rotos.    Un gato, indiferente, la miró recargada en esa esquina derruida. Resopló, siguió el camino conocido; ahora tan distinto; tan doloroso, tan gris. Entró en el bar que se atravesó en su rabia. Pidió un trago mientras sus manos tocaban la tabla enorme, que, brillante, le recordó el origen...
      Bíblicas. El señor Abraham Hernández era un músico de estirpe: tres generaciones de violinistas lo antecedían. A sus cuarenta años sostenía a una familia hasta cierto punto amable por medio de la música. Su interpretación dominical del “Ave María” de Shubert, en la misa de las doce de la parroquia de Ixtlahuacán de los Membrillos,le concitaba el respeto y la admiración, no sólo de los feligreses del lugar, sino de la gente de los pueblos aledaños que, conmovida, llenaba el templo, menos por la fe o el sermón, que por su sublime interpretación. Durante la semana, tocaba lo mismo en bodas, quince años, bautizos y fiestas de cumpleaños, que normalmente terminaban en la delegación de policía ya que, como apuntó un escritor que nos define: los mexicanos no sabemos divertirnos. A don Abraham,se le veía, más bien se le oía, acompañando a un grupo de mariachis, a diferentes agrupaciones de música tropical,  a cantantes de música vernácula y, los sábados,a la...
Asterión Hace años la imprudencia me llevó a pensar en el Laberinto. No sabía. Caminé entre libros para entender ese río, esa curiosidad. Supe del castigo a un rey por su soberbia, otra forma del engaño, y el encierro de un inocente: el Minotauro. Las palabras, el mito, me llevaron al asesinato de ese ser imposible, encerrado entre miles de caminos, por un supuesto héroe: Teseo. La historia es formidable, pero, había un algo que no me gustaba; una duda. Esa   que siempre está en mis venas, la que siempre me revuelve. No entiendo porqué soy así. No sé de causas, pero un libro, Juan José Arreola, me explicó cierta razón: “Cuando hay un duelo, siempre estoy con el que cae”. Así que anduve mascando la duda durante años hasta que un Julio, más importante que 31 días, me regaló su obra de teatro: “Los Reyes”. Como siempre, Cortázar, me develó la urgencia de la realidad que sueña: al Minotauro no lo mata Teseo; muere por amor; otro laberinto. Seguí, imprudente. Supe de varios la...
VEREDAS “Y mientras él crezca   crecerá también . . .”                     Daniel Viglietti. A las cinco de la mañana, oyó a su madre que, trasteando, preparaba el desayuno, y antes de los Julito. Julito. ¡JULIO! ¡Levántate!, decidió hacerlo. Salió de la modesta casa para lavarse, oler la mar cercana, y mirar cómo pintaba el sol que ya aparecería. Con el “buenos días, má” se sentó a la mesa y con el café terminó de despertar. Susana, le acarició la cabeza, era de pocas palabras, pero adoraba a su hijo. A pesar de la tensión y la angustia de los últimos días, Julio, había soñado a pierna suelta. Vivían solos desde que su hermano había partido a la ciudad grande a estudiar; del padre no se hablaba en esa casa. -Toma este dinero y cuando salgas de la escuela, te pasas por el pueblo: compras azúcar y harina, no se te olvide: es para tu pastel, ah, y te compras un dulce, nada...