MIRADAS En el hospital, después de la tremenda golpiza, Ramiro, resucitó de entre los muertos. Intentó moverse, pero el dolor lo taladraba más que el desamor de Julia. Abrió un ojo, el único que le habían dejado. Por esa rendija, percibió una sombra atroz. -Buenas tardes, licenciado Ramírez. Soy el comandante Tomás Cervera, de la Policía Judicial. ¿Lo desperté?- Ramiro, quiso mandarlo a chingar a su madre, no pudo: los alambres alrededor de la mandíbula lo salvaron. - ¡Ah, que mi licenciado. Mire cómo me lo dejaron! Tuvo suerte, gracias a que unos elementos de la corporación se dieron cuenta y lograron que huyeran esos cabrones, si no; lo matan.- resopló- , pero, no se preocupe, los vamos a agarrar y les caerá todo el peso de la ley. – Ramiro, sabía de memoria el discurso infame. Conocía el procedimiento policíaco. El judicial tomó una silla, sacó una cajetilla de cigarros: -¿Fuma?- Mientras encendía el cigarrillo, continuó con su monólogo: - Hay algo que no entiendo de personas como...
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Cinco minutos “Sube a nacer conmigo, hermano” Pablo Neruda. A Joan Alison Jara Ahí, ante el césped pleno del estadio, con las costillas fracturadas, con las heridas de sus compañeros y el temor; murmuraba un canto. Acaso recordaba sus pasos por las calles de Stratford-upon-Avon que celebraba a Shakespeare. A pesar de la hostilidad en su infancia, su mirada lo llevó al asombro. Sin saber, bien a bien, las canciones y la lucha por sobrevivir de su madre lo vistieron de colores; de esos que nada saben de ausencia. La pobreza le habló sobre la dignidad de todos. Memoró el pequeño abecedario que se nutre de infinito. Descubrió que el movimiento labra el viento....
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Un día "Si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza". Silvio Rodríguez. Me desperté a las seis de la mañana con una maldición en las entrañas. Luego del trabajo siempre me ataca el insomnio; así que sólo dos horas de sueño precedían a esa claridad. Me sentí desmadejado, triste, cansado. La sábana estaba húmeda a pesar del frío. Decidí levantarme, - como siempre- primero con el pie izquierdo al piso, para retar a las estupideces de la suerte. –¿Por qué desperté tan temprano?- me dije a la mitad del agua que caía sobre mis huesos. Salí del baño y me senté en la cama, el único mueble en donde habito, para terminar de secarme. Traté, traté, pero la toalla no sabía qué hacer ante tanta humedad. Empapada, la llevé al baño. Miré el espejo y vi el origen del peso de la tela: m...
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Terrores “¿Qué delito he cometido contra vosotros naciendo?” Calderón de la Barca La tarde anterior entre el trasteo de sus escasas pertenencias oyó la pregunta que esperaba: ¿Aguantarás, el viaje es muy largo y peligroso?- Desde su estatura de nueve años, Daniel, contestó: -Ya soy grande, papá-. Estaba listo para partir. Se había forjado a golpes de pobreza rascándole a la vida y la alegría su infancia, en medio de la demolición de su pueblo, de su país. Creció, como todos los niños de su comunidad, con los juguetes antiguos que pertenecieron a sus ancestros: el viejo árbol que se dejaba trepar; la enorme piedra extrañamente azul que se...
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OSCURIDAD. “Puede matar a un hombre, pero no puede convertirlo en otra cosa”. Albert Antelme. Ese día, el sol golpeaba a plomo, algo le dolía, pero ante la enorme distancia, impotente, lloraba. A pesar de toda su luz, la sombra del campo de concentración, festinaba el terror. Los carceleros, los verdugos, pensaban en el triunfo, en celebraciones y libaciones de poder. No, nunca saben: todo era una disminución del ser: una derrota humana. El “campo”, los campos, habían sido diseñados con una bestialidad metódica, casi pulcra, desde el lado más oscuro de la especie: el exterminio del otro. La crueldad de los verdugos, no sólo trataba de apresar, humillar, torturar, destrozar, violar, despedazar y despedazar, violar, destrozar, torturar, humillar y apresar el cuerpo de sus víctimas; de esos inocentes que se preguntaban ¿por qué? No, también era importante para esa bestia colectiva, partir la conciencia, el alma, los sueños, las esperan...
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V El quinto canto del Infierno del sueño de Dante Alighieri es una melodía que me acompaña : Paolo y Francesca son arrojados a ese lugar hostil por ser amantes imprudentes ¿habrá otra manera? Su castigo es que el uno no puede hablar, y la otra no sabe de respuestas. Ahí, en las Tinieblas, Dante, le pide a Virgilio que los llame;los mira; los mira: empalmados, juntos, sin separarse, en el amor prohibido, en el pecado,en el Infierno; en el Universo. Dante recuerda a Beatriz, a la amada que sólo miró dos veces; a esa mujer de sus pasos; a Ella, a la que la muerte apartó para que él la busque en su infinito poema, en el insomnio de los días. Sueña, mientras Francesca narra su condena: “No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices en la miseria”. Y Dante se desvanece, quiero decir: se desmaya; y tal vez en ese instante, antes de caer; piensa que a la miseria la espanta la memoria. Jorge Rodríguez.
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MIR Hoy, recordé a Miguel. Nunca lo vi, pero sé de las llamas de su esperanza. Un compañero me contó sobre cómo miraba la alegría; sobre sus invenciones de mañana. Él, joven, tenía la extraña visión – miraba-, que la vida es para todos. Era rara su sonrisa transparente. Miguel, miraba flores, aves y memorias; miraba las alarmas de los amaneceres que gritan para que los veas. Miraba y abría su voz para inventar los recuerdos del porvenir; para cantar, acaso sin saber,que las noches se comparten. Leía a Neruda. Aunque tímido, calmaba el frio con el abrazo y la mirada de su gente. Un septiembre, el noveno círculo del infierno, vomitó balas, aviones, masacres y traiciones. La oscuridad asesinó a su pueblo y a un presidente noble. Él, miró la fotografía de los buitres, títeres de la infamia que, cínicos, hablaban de orden y paz, en medio de la muerte, y acaso se preguntó: ¿por qué el asesino, sentado entre sus cómplices, usa lentes negros? – Coño, huevón, ni siquie...